Autocaricatura con neumático y engranaje
¡Ja, qué burla! ¡Cómo nos reímos de la absurda propuesta de los constructivistas! Artistas jugando a ingenieros; pasándose por conocedores de técnicas de fácil prestación al progreso material de la nación. ¡Apártense! Reconozcan el ocaso de vuestra fama y arrodíllense ante el nuevo héroe:
el verdadero artista revolucionario: el maestro productivista.
Desde donde nos situamos, resulta difícil comprender las esperanzas mantenidas en el poder liberador de la industria en la Unión Soviética de principios del siglo XX. La situación inhumana de la sociedad industrial, la degradación e instrumentalización del cuerpo nos es conocido de sobremanera. Rodchenko, artista cuyos principios fueron afines al productivismo, parece aquí poner su posición en duda. En una postura imposible, haciendo malabarismos chaplinescos, se hace cuadrar en la cadena de fabricación. Entre engranaje y neumático el cuerpo castigado del artista-obrero forma el eje. A pesar de su apoyo fervoroso de la visión productivista del arte, ¿puede esta obra ser testimonio de pensamiento libre, de una crítica del dogma en alza?
¿Qué piensas Rodchenko? ¿Qué nos querrás decir con esto? ¿Dudabas acaso de haber firmado aquel manifiesto? ¿O debemos entender tu autorretrato como extensión de la creciente tendencia de entonces hacia la fusión de hombre y máquina; hacia el arte y su aplicación utilitario? Irónico sería si fuera en este gesto cómico donde alcanzas tu mayor compenetración con el aparato mecano-político.
Mi querido caricaturista, sé nuestra válvula de escape. Haznos reír.
